Capítulo 45.
Habían pasado siete meses desde que Harry y yo nos casamos. Ese día fue el más extraño de toda mi vida, pero también el más feliz. Harry me había hecho feliz todos y cada uno de los días. Me había sacado sonrisas y me había demostrado que se podía tocar el cielo con la yema de los dedos sin siquiera despegar los pies de la tierra.
Volvimos a Londres después de pasar unas semanas en España con mis padres. Nuestra vida juntos era vivir en aquella magnífica ciudad. Poco tiempo después, Niall se puso en contacto conmigo y recuperé mi anterior trabajo.
En cuanto a Liam… no supe mucho de él después de ese día. No quise contactarle y él tampoco intentó mucho por hacerlo. Ninguno nos comportamos bien y pensaba que nuestra relación se deterioró demasiado con todos los daños que nos habíamos hecho ambos como para intentar hablarlo. Lo único de lo que me enteré gracias a mi amiga Eva, fue que se estaba viendo con una chica después de aquel día. Sinceramente, me alegré mucho, él también merecía ser feliz fuese con quien fuese.
En la actualidad no me hacía falta tampoco un Liam Payne en mi vida. Me dolía admitirlo, viví muchísimas cosas buenas con él, pero, ahora ese hombre no tenía ningún sitio en mi vida.
-¿Está lista ya la señorita? – Harry golpeó la puerta de la habitación y se adentró diciendo esa frase.
-Cinco minutos. – Le dije sonriéndole.
-Bien, esperaré en el sofá. – Dijo
-No exageres, sabes que tardo poco.
-Estás preciosa. – Me dijo con una sonrisa en la cara mientras yo luchaba con mi pendiente para que encajase en mi oído.
-Gracias, cariño.
Harry se acercó a mí y me cogió por la cintura mientras me miraba a través del espejo. Acariciaba mi tripa. Estaba orgulloso, al igual que yo.
-Estoy dispuesto a hacer todo lo que sea para que seas la persona más feliz del mundo. – Me susurró al oído.
-Lo has hecho siempre, y lo sigues haciendo. – Me giré y le besé.
Sí. Podía decirlo incluso asegurarlo. Era la persona más feliz del mundo. Y mi felicidad tenía nombre y apellido: Harry Styles.
Salimos de nuestra nueva casa. Nos habíamos cambiado por un chalet que había en venta a algunos metros de la casa de Perrie, el apartamento se lo quedaron Louis y Cris.
Ahora andábamos camino a casa de Perrie. Ese tremendo frío que quebraba a cualquier ser humano los huesos, se sentía. Era Navidad y pasaríamos la noche con Zayn, Perrie y el pequeño. Había nacido su hijo hacía algo más de un mes. Edward. Así se llamaba. Igual que su tío. Igual que Harry.
Llegamos a la casa de Perrie y llamamos al timbre. Harry me ensanchó la mano y aún no me acostumbraba a no tenerme que esconder de nadie y no tenerme que arrepentirme de nada. Ahora era a él a quien se la debía de dar, y era a él a quien quería darle la mano todos los días de mi vida.
Tobie de nuevo se volvía loco y solo sabía ladrar. Zayn, salió, y menos mal. Hacía un frío tremendo. Diciembre, frío Diciembre.
Mientras se acercaba Zayn me acordaba de la vez que besé a Harry en esas escaleras por donde estaba bajando en ese momento. Ese día me arriesgué a perderlo todo, a perder a Liam, pero, ¿qué sería de la vida si no se cometiesen locuras semejantes?
En esos meses no me habían faltado ni cariños ni nada parecido. Harry se había encargado de darme todo lo que necesitaba, todo lo que una chica con 21 años necesitaba. Consiguió un trabajo bastante estable con el que ganaba un sueldo alto. Él se empeñaba en hacerme la persona más feliz del mundo, y lo hacía. Lo hacía como nadie.
Entramos en la casa y nos acomodamos en el sofá mientras Perrie terminaba de retocar la mesa. Solo cenaríamos nosotros, pero ella era muy perfeccionista. Estaba preciosa, igual que siempre. Parecía mentira que apenas un mes atrás hubiese dado a luz. Estaba estupenda. Su vestido hacía ver sus perfectas y envidiables curvas. Después de terminar de retocar todo la mesa, se acercó a Zayn y se sentó a su lado mientras miraba a su bebé que estaba en brazos de Harry.
-¡Es precioso! Sigo diciendo que se parece a mí– Exclamaba Harry mientras miraba a su sobrino.
Yo miraba a Perrie orgullosa. El brazo de Zayn le rodeaba todo el cuello y sus ojos transmitían cansancio. Pero sin embargo, jamás perdió la ilusión en aquella mirada que me mandaba.
Harry seguía concentrado mirando a aquel niño que en un futuro, y ahora, era precioso. Ed. Así le apodaríamos.
El bebé empezó a protestar cuando Harry le agitó demasiado la cabeza.
-Creo que aún no tengo mucha maña para esto de los bebés. – Dijo con una sonrisa.
Perrie se acercó a él y cogió al bebé entre sus brazos. Él directamente se calmó bajo las miradas atentas de sus dos padres. Yo me levanté y me senté al lado de Harry. Él me besó la frente y posó su brazo en mi hombro rodeando todo mi cuello.
-Si queréis, podéis ir yendo a la mesa, llevaré a Ed a la cuna y volveré enseguida. – Sugirió Perrie.
Todos asentimos y nos dirigimos a aquella mesa perfectamente preparada por Perrie. Harry y Zayn se dieron un fuerte abrazo en forma de amistad. Un año atrás jamás me imaginaba que Zayn y Harry podrían soportarse. De hecho, nada de lo que estaba pasando podría imaginármelo un año atrás.
Nos sentamos y fuimos sirviendo la cena esperando que Perrie llegase. Allí bajaba, con un walkie-talkie de
un osito para escuchar al bebé si se quejaba. Lo dejó a su derecha y se sentó al lado de Zayn.
-¿Brindamos? – Zayn se puso de pie y elevó la copa de vino.
-Brindemos. – Le siguió Harry.
-¿Por quién? – Preguntó Perrie.
-Por nosotros cuatro. Porque a pesar de todos los obstáculos del camino, ahora todos somos felices junto a la persona que queremos. – Dijo Zayn con una sonrisa.
-Brindemos entonces porque tengo a la mejor hermana del mundo, al mejor cuñado, y a la mejor esposa que cualquier hombre pudiese desear. – Añadió Harry chocando su nariz con la mía.
-Yo brindo por la maravillosa mejor amiga y cuñada que tengo. Quien me apoyó en todo y siempre estuvo ahí para escucharme. Quien confió en mí desde el primer momento. – Continuó Perrie. – Te aseguro que eres la mejor persona con la que podía haber dado el grandullón de mi hermano, al cual adoro con toda mi alma. Sin ti no hubiera sido nada de esto posible.- Dijo Perrie dirigiéndose a Harry y con sus ojos algo brillantes. – Y también brindo por Zayn. Mi esposo y el padre de mi hijo. Quien me hizo darme cuenta de que el amor verdadero existe y quien me hizo conseguir afrontar todo con todas mis fuerzas. Te quiero. Y también brindo por aquel pequeño que me ha regalado este hombre, que con tan solo un mes de vida, daría la mía por él. No entiendo como a algo tan pequeño se le puede querer tanto…
-Pues yo… - Cogí aire de aquella situación tan emocionante que acababa de vivir con las palabras de Perrie. – Brindo por mi mejor amiga. La que siempre me ha prestado su hombro y apoyo cuando lo he necesitado. Quien siempre me ha cubierto las espaldas y ha sabido aconsejarme y escucharme. De verdad, gracias. – Miraba a Zayn. – ¿Quién me iba a decir que el chico moreno de la mecha rubia que me ayudó a subir las maletas a mi apartamento el primer día que pisé esta ciudad iba a ser el marido de mi mejor amiga? Gracias por todo, por saberme guardar los secretos como nadie y por todo. Y bueno…– Miré a Harry. – Brindo por la persona que más locuras me ha hecho hacer, de las cuales de ninguna me arrepiento. Brindo porque me he ido a enamorar de la mejor persona del mundo. Del hombre que toda mujer desea tener. Gracias por enseñarme lo que es amar. Gracias por acompañarme en esta aventura de la vida y gracias por estar en todo momento que necesitaba un abrazo tuyo. Bendito día en el que tu mirada dio con la mía y bendito día en el que me casé contigo… Gracias por enamorarme cada día más, Harry. Te quiero.
Harry me abrazó y besó la frente mientras vivíamos todos aquel momento tan sentimental.
-Y bueno, creo que debo añadir yo algo. – Dijo Harry. – Ahora debemos de brindar también por esto. – Harry acarició mi tripa. Zayn se quedó extrañado.
-No… - Perrie lo entendió perfectamente.
- Sí... - Confirmé. - ¡Estoy embarazada! – Dije con una enorme sonrisa y entre los brazos de aquel chico de veintitrés años que un año atrás se chocó conmigo en esa pequeña habitación de un piso en el centro de Londres.
Él, Harry Edward Styles. El hombre que, simplemente, apareció.
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